Roca y Agua
Publciado por Pablo Solares - 03/10/08 a las 06:10:41 pmBajo tierra es el silencio, la quietud de lo mineral, el fluir incesante y paciente del agua gota a gota, el olor de la arcilla, la humedad del aire y, siempre, la oscuridad más absoluta. Bajo tierra está el reino de lo inexplorado, de lo oculto que espera ser revelado. La maravilla del territorio virgen, de la terra incognita por cartografiar, de los tesoros y secretos a descubrir. Ya no es posible la exploración en la superficie del planeta, no en una era de satélites orbitando, fotografiando, espiando; ya sólo nos restan sus entrañas, sus cavernas y sus simas. Bajo tierra es un territorio hostil donde lo vivo a duras penas medra y lo vegetal simplemente no tiene posibilidad de ser, un lugar donde el hombre, en cuanto cruza el umbral de la cueva, sabe que es un ser extraño, un extranjero osado que quizá no tenga el derecho de contemplar según qué misterios. Bajo tierra es la geometría caprichosa y excéntrica, vasta y ciclópea en ocasiones, y otras veces de minúsculos y delicados detalles.
En el cañón es la roca y el agua, también. Es la vena de la montaña, el curso furioso de fluir incesante en busca del valle. Es el reino de lo escondido, de lo misterioso, del contraluz y de la penumbra perpetua que sólo rara vez acuchilla un rayo de sol. En el cañón es el cambio perpetuo de la espuma que derraman las cascadas, el eterno y autodestructor desgaste de la roca de la marmita y del bolo que la corroe girando en una espiral infinita. Es la miseria del estiaje y el desenfreno de la crecida, el lugar donde convive el tronco centenario que camina lentamente hacia el valle a través de los siglos y la hoja caída y arrastrada vertiginosamente por la corriente, quizá detenida una tarde en la contra de una marmita. En el cañón el agua recién nacida en la montaña parece querer cobijarse del sol implacable, guareciéndose en lo más profundo y sombrío al amparo de las paredes que ha ido lentamente labrando, entre susurros o entre bramidos y rugidos, según su ánimo.
To pan hydor, dijo el sabio de Mileto: todo es agua. Y con esta frase comienza la historia de la filosofia occidental que nos cuentan los libros. Se olvidó de la roca, el viejo Tales. Yo no los concibo por separado: todo es roca y agua.
La espeleo y los barrancos son dos mundos que sé distintos pero que siento como una única pasión. El reino de lo escondido, el reino del agua y la roca y la sombra perpetua. El lugar escondido donde tantas veces moran los espíritus, el hogar del cuélebre y la xana si he de dar crédito a lo que decían mis mayores. Muchos no verán esta estrecha relación entre la espeleo y los barrancos, pero yo así la siento. Son distintas pero hasta cierto punto son la misma cosa. Y en aquello en que son distintas, sin duda se complementan. Las huellas de mi bota en el barranco son borradas de inmediato por el agua, las que dejo en la arcilla del fondo de alguna sima quizá sigan allí durante milenios.
Sin comentarios »
RSS feed para los comentarios de esta entrada. TrackBack URI